¿Qué significa construir una comunidad de paz?

Carta de la Directora

¿Qué significa construir una comunidad de paz?

Ésa es la pregunta que me he estado haciendo desde que las salvajes y brutales atrocidades de Hamás del 7 de octubre de 2023 mostraron al mundo una nueva definición de la palabra “maldad”.

Empecemos por preguntarnos ¿qué es la paz? Porque la paz sin seguridad es una ilusión. La paz sin futuro es un insulto. La paz sin tolerancia y respeto es imposible. La paz no es sólo una ausencia de conflicto. Cada vez que permitimos que el diálogo se trastoque, cada vez que decidimos ignorar los signos de discordia, alimentamos las llamas que conducen a una ruptura sistémica del valor inherente percibido de la humanidad. Con el tiempo, estas llamas crecen. Las heridas que nunca han sido curadas siempre causan más daño porque se les ha permitido pudrirse.

Los acontecimientos de ese día, ahora infame, me han hecho preguntarme si la construcción de una comunidad de paz, nuestro lema como fundación, es simplemente un ideal utópico e inalcanzable. Los kibutzim de Israel manchados de sangre, al igual que los campos de concentración en Alemania, son un monumento al odio. Las casas y hospitales arrasados en Gaza son un espeluznante recordatorio de cómo tanto inocentes como culpables perecen en las llamas de un liderazgo sin ética. Las noticias apestan a los horrores de la violencia contra las mujeres, niños y niñas. Y una vez más, los libros que nuestros estudiantes leen en el colegio estarán llenos del salvajismo del terrorismo y la guerra. Me produce un profundo dolor reconocer que la mayor parte de la historia humana refleja nuestra incapacidad como especie de lograr la paz.

Creo que la paz es una decisión consciente, que abarca palabras y acciones diarias acumuladas que llevan a encontrar formas de convivir que no dañen a los demás. Lo que decimos y hacemos, sí importa. Escuchando atentamente y respetando los puntos de vista de los demás, fomentando la comprensión y encontrando puntos en común, damos origen a la posibilidad de la paz. Lograrlo como sociedad global requiere crecimiento personal, así como aceptar y honrar a los demás en todas sus diferencias, un objetivo que se vuelve aún más difícil debido a la actual cultura del extremismo. También depende de una defensa activa de las reglas y directrices que hacen posible esa coexistencia. Por lo tanto, si realmente buscamos la paz, es nuestra responsabilidad como miembros de nuestras comunidades locales y ciudadanos del mundo mantener conscientemente un espacio para su existencia misma.

La conmoción que produjo el ataque nos dejó congelados, casi mudos, a muchas personas –entre las que me incluyo– debido a su puro salvajismo y al júbilo con el que los combatientes de Hamás celebraron la tortura y la pérdida de vidas humanas. La toma como rehenes de bebés, niños y niñas, mujeres y gente mayor, algunos de ellos sobrevivientes del Holocausto, dejó estupefacto al mundo. Para Israel, este ataque coordinado desde tierra, aire y mar representó un número de muertos, según algunos cálculos proporcionales, 15 veces superior al del 11 de septiembre en Estados Unidos.

Además de la depravación observada en Israel, los judíos de todo el mundo enfrentaron la amenaza de un antisemitismo significativamente mayor,un aumento interanual de casi el 400% según estudios de  la Liga de la Antidifamación. Los estudiantes judíos en las universidades de Estados Unidos y de muchos países europeos enfrentaron amenazas reales a su seguridad física. Los manifestantes en estos campus universitarios marcharon al son de “Del río al mar”, el canto genocida de Hamás que los estudiantes pueden o no saber que llama explícitamente a la adopción de los estatutos de la organización terrorista, cuyo objetivo declarado es matar a todos los judíos y eliminar al Estado de Israel. En ciudades de todo el mundo, los hogares judíos fueron nuevamente marcados con estrellas de David y los manifestantes llamaron vergonzosamente a la gente a “gasear a los judíos”, mientras que los presidentes de universidades evadieron sus respuestas al peligro, calificándolo de “dependiente del contexto” en las audiencias del Congreso de Estados Unidos. ¿En qué mundo vivimos?

Y si presenciar este repentino desmantelamiento de las cadenas que mantenían remotamente bajo control al antiguo antisemitismo no fuera suficiente, ¿qué decir entonces del silencio que rodea los horrores indescriptibles cometidos deliberadamente contra mujeres y niñas israelíes el 7 de octubre de 2023: mutilación genital sistémica, violencia que literalmente rompieron las pelvis de las mujeres, partes del cuerpo de mujeres desmembradas literalmente arrojadas como “juguetes” por miembros de una organización terrorista que había recibido instrucciones de infligir el mayor daño posible a la sociedad israelí mediante violaciones y torturas, a menudo realizadas frente a sus seres queridos, ya sea presencialmente o retransmitidas a través de las propias redes sociales de las víctimas. Es tan doloroso incluso leer acerca de los horrores que muchos prefieren encubrir la realidad, fingir que no sucedió. Pero en realidad, este fue el destino de muchas mujeres y niñas ese día, y como fallecieron, dejaron sólo sus cuerpos como testimonios para contar la historia.

Y, sin embargo, muchas, si no la mayoría, de las grandes organizaciones internacionales que luchan por los derechos de las mujeres guardaron silencio durante semanas o meses. Estas organizaciones, que durante décadas han exigido que el mundo crea las historias de violencia de las mujeres, sin lugar a dudas, no dijeron nada ante uno de los usos más bárbaros y deliberados de la violencia sexual contra las mujeres como arma de guerra en la era moderna. Este “silencio ensordecedor” descrito por Cochav Elkayam Levy, del Instituto Davis para Relaciones Internacionales de la Universidad Hebrea de Jerusalén, es un testimonio de cuánto aún le queda a la humanidad para dar crédito a las acusaciones de agresión sexual y garantizar así los derechos básicos para todas las mujeres. Las historias, los relatos de los testigos y los testimonios de expertos que estas organizaciones exigen como “pruebas” poco a poco están empezando a salir a la superficie, al igual que el trauma permanente, psicológico y a menudo físico que ahora socava las vidas de mujeres que antes eran felices, íntegras y sanas. Lo que les pasó a las mujeres israelíes fácilmente nos puede pasar a todas.

Me he mantenido en silencio público desde el 7 de octubre, ciertamente no porque no tenga nada que decir, sino porque quería asegurarme de que todo lo que compartiera con el mundo pudiera contribuir a construir una comunidad de paz, el enfoque de mi trabajo durante la última década con la Fundación Pa’Arriba. También tengo la responsabilidad, como líder de una organización que siempre ha buscado construir el consenso dentro de sus filas, de seguir practicando fielmente lo que predicamos. Y eso significa enfrentar las cuestiones difíciles, informar y educar sobre temas que la mayoría evita. Significa tratar de encontrar valores y emociones compartidos, de una manera que en el mundo moderno parece imposible. Significa sentarse a la mesa con personas que no están total o parcialmente de acuerdo con el punto de vista de uno, darle peso a su perspectiva y discrepar respetuosamente mientras no llegue a un punto de romper con los límites éticos personales. Toma tiempo. Se necesita mucha fuerza. Y se necesitan personas que estén dispuestas a ser vulnerables y que valoren su relación lo suficiente como para trabajar duro para mantenerla y hacerla crecer. Estas cualidades son cada vez más difíciles de encontrar. Una vez más, he confirmado que es un grupo especial de personas al que tengo el honor de llamar amigos, amigas y colegas.

Así que ahora, más de un mes después, nos sentamos en equipo para modelar lo que siempre hemos propuesto como solución para la violencia que creemos que comienza a nivel individual y crece, en conjunto, a nivel social. Nos reunimos a través de llamadas de Zoom y en cafés y hablamos, realmente hablamos, sobre la situación actual en Medio Oriente y el mundo. Cada uno de nosotros tenía su propia opinión, pero intentamos encontrar puntos en común. Y hemos decidido compartir los resultados de nuestras conversaciones, porque, en palabras del sobreviviente del holocausto Elie Wiesel, “el silencio anima al atormentador, nunca al atormentado”. Ahora que nos hemos tomado el tiempo para reflexionar, es el momento de hablar, asumiendo la responsabilidad de nuestras palabras y esperando que animen a otros a ponerse en contacto con su humanidad compartida.

Los miembros del equipo de Fundación Pa’Arriba hemos acordado que:

  • Condenamos totalmente el brutal ataque terrorista de Hamás el 7 de octubre de 2023 contra civiles israelíes y todo terrorismo extremista que se alinee con este ataque y reconocemos el derecho de Israel a recuperar a sus ciudadanos, así como a los residentes de otras naciones que han sido tomados como rehenes, y a garantizar una seguridad permanente y duradera para su pueblo.
  • Reconocemos el derecho de todos los pueblos a disfrutar de una seguridad permanente y duradera y el derecho de las personas, las comunidades y los Estados a defender ese derecho cuando sean atacados. No obstante, y considerando la naturaleza particularmente compleja de este conflicto específico, reconocemos que la única manera de garantizar este derecho es que toda la región se una con líderes comprometidos con la construcción del Estado para idear una solución permanente para la coexistencia pacífica y la prosperidad. para personas que están históricamente ligadas a la misma tierra y ancestros.
  • Condenamos cualquier ataque violento dirigida específica y deliberadamente a niñas y mujeres y lamentamos los horribles efectos de la guerra en estas poblaciones vulnerables. Cualquier caso de violación u otro tipo de agresión contra las mujeres utilizadas como armas de guerra debe ser denunciado por las organizaciones internacionales y perseguido por las autoridades competentes e imparciales con todo el rigor de la ley. Todas las víctimas de violencia sexual y de otro tipo de violencia en cualquiera de sus formas, deben recibir apoyo psicológico adecuado e integral como parte de su proceso de recuperación.
  • Estamos a favor de los derechos humanos, que son inherentes a todas las personas sin discriminación alguna, ya sea por su origen étnico, sexo, religión, nacionalidad, raza, idioma, color de piel o cualquier otra condición. Hacemos un llamado a toda la región a contribuir a una solución permanente para la coexistencia pacífica y la prosperidad de las personas que están históricamente ligadas a la misma tierra y a los mismos antepasados.
  • Rechazamos el antisemitismo, como hemos rechazado y luchado por eliminar todo tipo de odio por décadas, y trabajar por la educación, sabiendo muy bien que la ignorancia conduce a la desconfianza.
  • Expresamos nuestra condena al adoctrinamiento de niños y niñas como soldados de guerras basado en el odio multigeneracional que sirve para apoyar estructuras de poder a las que no les importa su futuro. Hacemos un llamado a todos quienes educan  a promover el respeto, el amor por la vida y el derecho a la inocencia y la paz en infancia y adolescencia.

Guardamos una esperanza para la paz. No nos referimos a un alto al fuego vacío que sirva sólo para reagrupar y atacar de nuevo, sino a una paz real y duradera, en la que se respete toda la vida humana, en la que las personas y sus comunidades puedan prosperar, en la que el mal sea desarraigado y desfinanciado, y en el que el bien se convierte en el ideal a alcanzar.

Responsabilizamos a todos los pueblos de trabajar activamente para construir las vidas y sociedades con las que sueñan, conscientes tanto de sus derechos como de sus responsabilidades, trabajando activamente con las poblaciones vulnerables para descubrir la mejor manera de ayudarlas para que todos los miembros de la sociedad puedan tomar medidas. hacia la libertad y la esperanza.

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